jueves, 30 de agosto de 2012

Daniel y Bárbara eran jóvenes que amaban a Dios por sobre todas las cosas, sus vidas fueron unidas en el compromiso más hermoso que pueden hacer un hombre y una mujer que se aman. Al pasar más de un año juntos, ambos sintieron el llamado de Dios en sus vidas y decidieron buscar la voluntad de Dios. Fueron comisionados para ir a predicar a un país oriental, pero dada las circunstancias su iglesia no tenia los recursos como para mandarlos a ese lugar y ellos solo tenían un poco de dinero, investigando lograron dar con una embarcación que se dirigía a ese país.

Eran las 23:58 p.m. de la noche, y el barco se alistaba para zarpar, ellos tenían mucho frio y ahí en la recamara que les cedieron se abrazaron y oraron a Dios para encomendar sus vidas en el viaje. Iban dos semanas de un cansador viaje y una tormenta azotó la nave en la que viajaban, fue tan feroz la tormenta que la nave fue abatida y de una manera sorpresiva…

Esa fue la primera vez que Daniel estaba sin Bárbara, muchos recuerdos hermosos pasaban por su cabeza de lo que había sido su vida junto a su esposa. Se ocultó el sol y se refugio a los pies de un árbol para pasar la fría noche, antes de dormir no dudo en clamar a Dios: Padre, te agradezco que me mantengas con vida, pero la mujer que tu me diste no se que le habrá pasado, te ruego que tu voluntad prevalezca en ella y si vive guárdala de todo mal, guíala para que pueda seguir tus pasos y en lo que queda de mi, te ruego me guíes a donde pueda llevar tu bendición… Increíblemente, Daniel no le pidió a Dios abrigo para esa noche, no le pidió volverse a encontrar con su esposa, lo único que había en su corazón era cumplir con llevar la palabra de Dios a quienes lo necesitaban….Llegó la mañana del 4 de abril de 1999 y Daniel se despertaba en una extraña playa, donde solo veía mar, arena y vegetación a su alrededor, fue en ese preciso momento donde mirando al cielo comenzó a llorar con el peor llanto que pudo haber tenido en su vida, lloró hasta que sus ojos dejaron de dar lagrimas y al fin pudo pronunciar una frase: Gracias Padre por salvarme la vida, por que con un propósito me libraste… Secó sus lágrimas se puso en pie y comenzó a caminar.

Al llegar la mañana, el canto de un gallo despertó a Daniel, el cual al escuchar este canto, se paró sorprendido y miró a su alrededor, sin darse cuenta, a unos cuantos metros de él había una aldea, casas hechas de mimbre y barro, y corrió hacia esa aldea a pedir algo de comer y agua, mientras se adentraba comenzó a ver que esa aldea era muy pequeña, que solo unas cuantas casas la conformaban. La gente de ojos rasgados lo miraba muy extrañado, el hablaba y hablaba diciendo “tienen algo de comer, soy extranjero y el barco en el que venia naufragó”, pero la gente de la aldea hablaba entre ellos sin entender él una palabra de lo que hablaban… al darse cuenta del idioma extraño, comenzó a hacer gestos y a dibujar en la arena su historia en el barco, ahí recién le entendieron y le dieron de comer y ropas para abrigarse. Daniel lo único que entendía era que Dios estaba con él, pasaban los días y mediante los gestos y dibujos lograba comunicarse con la gente de la aldea, es más, la aldea tenía un hombre mudo al cual según ellos, los dioses lo habían castigado desquitándose con él a causa de la maldad de sus padres, con este mudo llamado Yan fue que Daniel hizo una hermosa amistad.

Día a Día se reunía con él y mediante los gestos y dibujos le enseñaba de lo que Cristo había hecho por la humanidad, fue tan hermoso el discipulado que Daniel hizo con Yan, que este siendo mudo dedicaba largos momentos a orar y buscar el rostro de Dios, por otro lado, el resto de la aldea hacia caso omiso de lo que Daniel les predicaba, pues ellos no querían fallar a sus dioses y todas las noches les rendían culto. Un día, Daniel estaba buscando a Yan y no lo encontraba en ninguna de las casa de la aldea, incluso, faltaban hombres en la aldea y algo en su corazón comenzó a inquietarle, y comenzó a desesperarse, consultaba con señas a las mujeres de la aldea donde estaban los hombres, pero ellas no lograban comprender lo que él quería, de un momento a otro el Espíritu de Dios le dijo “sal de la aldea”, y el sin dudarlo se alejo de la aldea, caminó y caminó hasta llegar a un precipicio, de ahí tomo rumbo por la orilla del precipicio hasta que frente a sus ojos vio a los hombres de la aldea y corrió a ellos. Al llegar a ese lugar se dio cuenta que tenían a Yan parado en la orilla del precipicio y el grito con todas sus fuerzas “¡nooooo!” al verlo los hombres le impidieron el paso y Yan le explicaba con señas que solo ellos dos entendían lo que pasaba en ese momento. Según los hombres de la aldea, como Yan no había podido hablar en toda su vida, aunque ellos clamaron a sus dioses para que le dieran voz, debía ser eliminado para no seguir trayendo maldición a la aldea. Fue en ese momento en que Daniel respiró profundo y en su corazón clamó por misericordia a Dios,  abrió su boca y sin explicarse, las palabras que él quería decir se expresaban extrañamente de una manera distinta, sus mandíbulas se movían involuntariamente y su ojos se llenaron de lagrimas, él entendió lo que estaba sucediendo y hablaba y hablaba sin parar, Daniel les estaba hablando en  el idioma de ellos y les dijo algo más o menos así: Si Yan no puede hablar es por que ustedes no han querido aprender lo que él ha aprendido a cerca del verdadero y único Dios, el cual es el único en todo el universo capaz de hacer hablar a una persona que jamás lo ha hecho, y este ha sido el Dios al cual han rechazado desde el primer día que llegue aquí, el único Dios que me ha tenido con vida aquí con ustedes, el que me rescató de la tempestad y me trajo a ustedes y que también me trajo hasta aquí para decirles que él es el único que puede hacer hablar a Yan…

Cuando terminó de hablar, Yan cayó de rodillas al suelo y dando un grito de desesperación comenzó a hablar sorpresivamente, los aldeanos estaban atónitos ante tanta maravilla, pues el hombre que jamás se pudo comunicar con ellos, les habló en su idioma, y el mudo de nacimiento comenzaba a hablar glorificando a Dios. Algunos de los aldeanos se arrodillaron y comenzaron a llorar, otros simplemente corrieron a abrazar a Yan y Daniel. Esa aldea, a partir de ese día, rindió culto al único Poderoso Dios.

Pasado un tiempo, Daniel ya podía comunicarse bien con ellos, el llevaba viviendo en la aldea 3 años de los cuales, todos los días recordó a Bárbara y cada momento hermoso que vivió con ella y oraba a Dios por paz a su corazón. Un día, Daniel les pidió si lo podían llevar a alguna ciudad cercana, el jefe de la aldea le dijo que lo llevaría, y Yan se ofreció para acompañarlos, al llegar a la ciudad se dio cuenta que habían carteles escrito en dos idiomas,  comenzó a leer el cartel en el idioma que entendía el cual señalaba la visita de una mujer evangelista, de inmediato se interesó en el evento que sería esa misma tarde, el jefe de la tribu se despidió y Yan se quedó con él.

Llegada la tarde, fue a la dirección especificada, el lugar estaba repleto de gente que iba a ver a esa mujer predicadora, escuchaba lo que hablaba la gente de esa mujer y cada cosa que escuchaba hablar le estremecía, ella era viuda, había sido encontrada en el mar por unos pescadores, ella le había devuelto el ojo a un tuerto de la embarcación que la rescató, luego salió todo aquello del rescate y el milagro en televisión y ella se hizo famosa en toda la nación, la comenzaron a invitar a canales nacionales y predicaba acerca de Cristo, comenzó hacer eventos al aire libre para predicar de Cristo y hacia grandes milagros… estaba tan emocionado escuchando el hablar de la gente que no se dio cuenta el momento en que subió la mujer al escenario, solo escucho el saludo de esta mujer y su corazón se derritió de emoción, era ella, su amada esposa. La mujer comenzó a hablar contando su testimonio, de cómo Dios la había librado de la muerte en el naufragio, mientras ella hablaba él se acercaba al escenario, y cuando quedo justo en frente de ella, los ojos de Bárbara se fijaron en él y comenzó a llorar y dijo: llevo más de tres años diciendo que soy viuda, por que desde ese naufragio que no vi mas a mi esposo y no tuve noticias de él, pero hoy después de tres años, Dios pone en frente mío a mi amado.

El reencuentro fue muy emotivo,  y hermoso, ambos terminaron la predicación ese día ganando mucha gente para Cristo y fueron al hotel donde ella hospedaba, ahí conversaron sobre los 3 años que estuvieron separados, hablaron de cómo Dios los usó y cada uno de los milagros que Dios hizo con ellos. Hoy ellos sirven a Dios y plantan iglesias donde quiera que van glorificando el nombre de Dios.

 

Esta historia no está escrita para hablar de una hermosa historia de amor de dos personas, sino para hablar de la verdadera pasión por Cristo que había en el corazón de nuestros protagonistas. Ellos pudieron haber vuelto atrás después de la tragedia o simplemente haber vuelto a su país para seguir su vida, pero ellos no lo hicieron así, siguieron con el plan con el que Dios los llevo hasta allá, predicando de Cristo y haciendo la voluntad de Dios. Daniel con tan solo predicarle a un mudo pudo ganarse una aldea en la que jamás se había escuchado de Cristo y Bárbara hizo milagros que impactaron una nación entera… ¿Qué es lo que anhelamos nosotros? ¿Estamos dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias sin perder nuestra esperanza en Cristo? Es por eso que cada día que pasa debemos buscar el ser como Cristo. Hay una hermosa canción que dice unas simples palabras como “Yo quiero ser como Tú”, el querer ser como Cristo involucra negarnos a nosotros mismos, entender que nuestra vida depende de Dios, por eso el apóstol Pablo escribió: Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses 2: 1-3). Ya no nos pertenecemos, le pertenecemos al ser más maravilloso del universo, tal como se pertenecen un hombre y su esposa. Así anduvieron Daniel y Bárbara, como la amada de Cristo, sin importar sus condiciones, sin ver el difícil momento que habían pasado, ellos siguieron a su Amado hasta las últimas consecuencias, obedecieron todo lo que su Amado les indicó en el camino y esa obediencia les trajo la bendición de reencontrarse.

Ahora, analicemos lo siguiente, ¿por que Daniel y Bárbara pudieron seguir adelante? Intimidad, relación personal, amor apasionado y anhelo de estar siempre al lado de Cristo, disfrutando de sus beneficios y de su presencia, como para entender el por que el salmista escribió, Porque mejor es tu misericordia que la vida (Salmos 63:3 ).

¿Será tan difícil seguir a Cristo? ¿Es muy complicado ser diferente al resto? Si nuestra vida dependiera realmente de Dios, seríamos como Daniel y Bárbara, sólo querríamos hacer lo que Cristo nos mande, desearíamos que el Espíritu Santo nos usara a cada momento del día y nuestra vida sería una verdadera alabanza y adoración a Dios…

El apóstol Pablo decía ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí (Gálatas 2:20) ¿Estamos claros de que Cristo vive en nosotros? Esta sería la pregunta final para analizar nuestras vidas…

 

 

FIN


Tags: Reflexión, Historia, Pasión, Mensaje

Publicado por OscarCornejo @ 22:16
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